Foto: Captura.
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ESTADOS UNIDOS.- El clan de los Kennedy vuelve a ser golpeado por la tragedia, un drama esta vez indirectamente relacionado con el coronavirus.

La policía del estado de Maryland localizó anoche el cadáver de Maeve Kennedy Townsend McKean, nieta de Bob Kennedy, que había sido vista por última vez el jueves en una canoa a la deriva junto con su hijo Gideon, de ocho años, cuyo cuerpo aún no ha sido encontrado.

La gigantesca bahía de Chesapeake (Maryland), a la que habían ido a buscar refugio durante la cuarentena obligatoria decretada en toda la región, ha acabado siendo su tumba.

“Queríamos que los niños tuvieran más espacio para correr”, explicó su marido, David McKean, tras conocerse la desaparición. Por eso, en lugar de quedarse en su domicilio de Washington, la familia –compuesta por dos hijos más, Gabriella, de siete años, y Toby, de dos– optó por trasladarse a una casa vacía que la madre de Maeve tiene en Shady Side, al sur de Annapolis. McKean, abogado, ha reconstruido lo que cree que sucedió la fatídica tarde del pasado jueves.

Madre e hijo se encontraban jugando a la pelota junto a la pequeña cala de detrás de la casa cuando esta se les fue al agua y se subieron a la canoa para tratar de recogerla. En contra de lo que sugería la calma de la cala, las aguas del Atlántico no estaban tranquilas. Había vientos de casi 50 kilómetros por hora y olas de cerca de un metro. “De alguna manera, fueron arrastrados por el viento” a la gran bahía. “Llegaron más lejos de lo que podían remar y no pudieron volver a entrar”.

A los treinta minutos, un vecino dio aviso a la policía de que había dos personas en una pequeña embarcación aguas adentro. Fue la última vez que se les vio con vida. La canoa apareció, volcada, una decena de millas al sur del lugar de donde había partido dos horas antes. Las tareas de rescate se sucedieron hasta el viernes por la noche, cuando se concluyó que no cabía encontrarles con vida.