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ESTADOS UNIDOS.- La segunda noche del debate presidencial demócrata en Detroit, Míchigan, dejó en claro las divisiones ideológicas de los candidatos que centraron sus discursos en la salud, inmigración y racismo.

La noche fue marcada por los constantes ataques de todos los precandidatos contra el exvicepresidente Joe Biden, que lució mejor que en el primer debate de Miami y terminó dominando el tiempo de pantalla, aunque solo fuera para responder ataques.

El debate organizado por la cadena de noticias CNN, que debido a la gran cantidad de aspirantes obligó a dividir en dos partes la instancia la noche del martes y de miércoles, tuvo como fin mostrar al candidato demócrata más “elegible” para contender en las votaciones del 3 de noviembre de 2020.

Los tres periodistas de CNN, Jake Tapper, Dana Bash y John Lemon, tuvieron más problemas que la noche del martes para controlar la tendencia de los candidatos a tomarse más tiempo del pautado, pero por momentos se limitaron a tratar de que se produjeran choques entre los aspirantes.

Igual que sucedió el martes, inmigración fue uno de los temas que consumió más tiempo y generó más discusión entre los aspirantes demócratas.

El debate de este miércoles lo protagonizaron el exvicepresidente Joe Biden y la senadora Kamala Harris, que compartieron el escenario con el senador por Colorado, Michael Bennet; el senador por Nueva Jersey, Cory Booker; el exsecretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Julián Castro; y el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio.

También participaron el representante por Hawai, Tulsi Gabbard; la senadora por Nueva York, Kirsten Gillibrand; el gobernador de Washington; Jay Inslee; y el empresario Andrew Yang.

En la segunda contienda los aspirantes utilizaron las deportaciones de migrantes indocumentados durante el gobierno de Barack Obama (2009–2017) para atacar a quien fuera su vicepresidente, Joe Biden, que se vio obligado a defender su historial político contra los ataques de sus rivales.

Aunque todos los candidatos expresaron su rechazo a la política de tolerancia cero promovida por el presidente Donald Trump que permitió la separación de familias que llegan sin documentación a la frontera.

Biden fue el que tuvo más problemas para explicar su posición, cuestionado por el hecho de que Barack Obama deportó más indocumentados que ningún otro presidente.

Biden, que pese a ser el más vapuleado en el escenario, logró recuperar algo su imagen de la actuación deslucida que tuvo en Miami. El exvicepresidente lució más combativo y hasta agresivo a la hora de responder a sus contrincantes.