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BOLIVIA.- Los servicios funerarios de Cochabamba se hallan al borde del colapso y los cadáveres se acumulan para ser cremados o enterrados por el rápido ascenso de los contagios del nuevo coronavirus en una de las ciudades más castigadas por la pandemia en Bolivia.

“Antes de la pandemia la policía recogía cuatro o cinco cadáveres de la calle por accidentes, atracos o suicidios, ahora son 16 diarios y la mayoría por sospechas de COVID. El depósito de la policía ya no abastece”, dijo el jueves la vocera de la policía anticrimen de esa ciudad, la capitana Rocío Olivera.

En una entrevista con el diario Opinión agregó que “sabemos que hay más personas que mueren en sus casas pero no se reportan”.

El cuerpo de Cristóbal Huanca Mendoza, un comerciante que falleció el domingo solo en su casa con síntomas compatibles con el coronavirus, fue velado la noche del miércoles en la calle y el jueves su féretro esperaba para ser enterrado.

El obsoleto crematorio del cementerio municipal -con capacidad para incinerar cuatro cuerpos al día-, está desbordado. La lista está copada hasta el domingo y hay varios cadáveres pendientes, dijo un funcionario que pidió el anonimato porque no estaba autorizado hacer declaraciones a la prensa. El jueves un tractor cavaba zanjas en un rincón del cementerio de Cochabamba para aumentar la cantidad de tumbas.

Los procedimientos para enterrar o incinerar a fallecidos por la pandemia complican la situación. “Un cadáver hallado en la calle debe ser sometido a una autopsia para determinar la causa de la muerte, pero el Instituto Forense está congestionado con muertos”, dijo Olivera.

Las casas funerarias de la ciudad -de casi un millón de habitantes- se han declarado en emergencia porque reciben cadáveres sin autopsia y no saben qué procedimientos de bioseguridad utilizar, dijo la oficial.