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ESTADOS UNIDOS.- Con las salas de concierto cerradas por la pandemia del coronavirus, la mejor sala de conciertos que podía esperar una violinista en un viernes de octubre reciente era una vereda en el Bronx.

Fiona Simon afinó su instrumento mientras se preparaba para una de sus únicas actuaciones con público con la Filarmónica de Nueva York en varios meses.

El entorno era muy diferente de la casa habitual de la orquesta, el Centro Lincoln de Manhattan. El tráfico bullía y se oían sirenas mientras el equipo colocaba cables y descargaba altavoces desde la parte trasera de una camioneta estacionada en doble fila.

Pero Simon dijo que el concierto no anunciado -uno de los varios que ha ofrecido la orquesta en la ciudad este otoño- cubre una necesidad que ha tenido desde la suspensión de actuaciones en interior en marzo, que privó a los músicos no solo de ingresos, sino también de la sensación de tener un propósito.

La filarmónica tuvo la idea de ofrecer varias actuaciones al aire libre y sin anunciar durante el verano, a pesar de que un déficit presupuestario multimillonario la obligó a suspender de empleo a casi la mitad de su personal.

En este viernes de otoño, Simon y unos pocos colegas tocaron en tres rincones de la ciudad dentro de una serie que han llamado NY Phil Bandwagon. El primer concierto del día fue ante una escuela del Bronx, el segundo ante una biblioteca pública de Queens y el último en un parque de Brooklyn.

La filarmónica tiene previsto ofrecer el último concierto al aire libre del año este fin de semana, y después reanudar el programa en primavera.

La vida callejera en Nueva York siempre ha sido frenética, pero estos días los espacios abiertos son más importantes que nunca, ya que muchos vecinos se pasan el día en pequeños apartamentos trabajando desde casa.