En medio del torbellino político que las renuncias de áreas estratégicas del Gobierno han ocasionado, existen dos casos emblemáticos en lo que va de la presente Administración.

Primero fue el hoy senador Germán Martínez, quien dejó la Dirección General de IMSS con una carta enérgica en contra de funcionarios de la Secretaría de Hacienda y explicando que ese era el motivo de su renuncia.

Ayer, y siguiendo un mismo patrón, renuncia con carta al público, el ex – secretario de Hacienda Carlos Urzúa renuncia por diferencias en el planteamiento de la política económica con el Presidente López Obrador y su más cercano equipo de asesores.

Es incluso una carta que va más allá y que generó preocupación en sectores públicos y privados.

La llegada del secretario Arturo Herrera no como encargado de la oficina sino ya como el próximo titular de la Hacienda Pública del país y cuyo nombramiento se aprobará en la Cámara de Diputados pronto, es una decisión atinada por parte del Presidente López Obrador, quien tuvo la habilidad de reaccionar rápidamente ante la sensibilidad de los mercados.

El tema no son las personas, porque afortunadamente tenemos un capital humano comprometido y capaz en nuestro país; el tema no son las renuncias en sí, sino son las cartas porque las cartas evidencian causas, conflictos y motivos que no pueden relegarse a un segundo plano.

Hoy, estamos ante un momento político trascendental para el Gobierno de la República, es el momento de convencer sobre el rumbo y la esencia de la Cuarta Transformación. Porque la realidad es que más allá del discurso repetido, hace falta una mayor claridad.

Así estamos.