Encontré el antídoto. Lo encontré y me dí cuenta que siempre ha estado ahí.

Antes de compartirte acerca de mis reflexiones del 9no día de cuarentena, que podrían o no podrían no ser alucinaciones por exceso de tiempo para pensar, quisiera reconocer que el poder hacer una cuarentena es un privilegio que no todas las personas tienen y encontrar la forma de disfrutar y sacarle provecho a estos días es un privilegio y un lujo aún mayor.

Además debo recalcar que lo que estoy a punto de revelar no es ningún protocolo de higiene o alguna medicina. No soy experta ni estoy relacionada con ningún área de la salud.

El antídoto que encontré no cambia la circunstancia, pero sí la hace más ligera y cambia el cómo nos sentimos. Este remedio varía y cuando se comparte se multiplica el efecto.

Una canción cantada a todo pulmón y si es con más de una persona mejor todavía. Un café sin prisa en la mañana, la frase de tu libro favorito que no habías tenido tiempo de releer, una anécdota que te hace doblarte de la risa, un saludo creativo para evitar el contacto físico, un juego de mesa de esos que tenías años sin jugar, un chiste, un meme sobre la cuarentena, repetir tu rutina preferida para hacer ejercicio una y otra vez…

Este es el antídoto. Son pequeños oasis compartidos que te recuerdan que todo va a estar bien, que hay esperanza y que pase lo que pase podemos encontrar momentos que nos recuerdan la alegría y lo que se siente estar vivos.

Analizando los últimos días creo que estos pequeños momentos y detalles me han cambiado el humor y me hacen olvidarme un rato del inmencionable virus que ha cambiado nuestra vida.

El día de hoy no quería compartirte mas información ni mas reflexiones, yo se que ya las recibiste todas y que harás todo lo que esta en tí para cuidarte y a los que te rodean, pero si te quiero compartir que aún cuando tengas miedo o sientas ansiedad, el agradecer y disfrutar de los pequeños detalles hará que tu percepción cambie.

Te ruego que lo compartas, que extiendas este antídoto con todas las personas que puedas porque esto sí vale la pena contagiar. Quizá si contagiamos el mundo de un poco de paz y alegría podríamos contrarrestar un poco el sufrimiento y el dolor.

Querido lector, te deseo miles de estos oasis.

Cuidate mucho.