Aunque es muy pronto en el proceso electoral de Estados Unidos, Bernie Sanders está arrancando la carrera hacia la candidatura demócrata con buen impulso. Tal parece que con su triunfo en New Hampshire y con el primer lugar en varias encuestas nacionales, el senador de 78 años es el favorito, por ahora, para ser el contrincante de Donald Trump en noviembre.

Es cierto que los demócratas han ganado elecciones con candidatos jóvenes, no tan conocidos en el mundo de Washington, normalmente con un mensaje de cambio moderado y de unidad. Recordemos el "sí se puede" de Obama, o el "construyendo puentes" de Bill Clinton. Todos con la idea de sacudir la política norteamericana pero a través de la unidad y con ideas liberales de centro izquierda. Hoy las cosas son muy diferentes. Al parecer la unidad ya no está de moda, y la esperanza pesa menos que el odio.

El enojo de muchos norteamericanos blancos de clase media fue lo que Trump capitalizó para ganar con un discurso de división en 2016. Es lo que mueve a muchos, no para contestar encuestas, sino para estar atentos a las redes sociales y luego salir a votar. Y es lo que está pasando también en la izquierda con el fenómeno de Bernie Sanders, que aunque es un personaje diametralmente distinto a Trump en la mayoría de los aspectos, tiene un común denominador: un grupo grande de seguidores incondicionales que están muy enojados y que no están dispuestos a negociar, ni a buscar el punto medio.

¿Será esa fuerza la que necesita el Partido Demócrata para ganarle a Trump? ¿Puede Bernie ganarle al magnate en división y odio? ¿O se necesita un candidato moderado para que pueda contrastar con el fenómeno Trump? ¿Será el enojo nuevamente el ganador?

APUNTE SPIRITUALIS. La campaña de Sanders le apuesta a que todos esos jóvenes enojados que no salieron a votar por Hillary Clinton ahora estarán dispuestos a hacer fila en donde sea y a salir en masa para ganar la candidatura, y luego vencer a Trump en noviembre. Lo veremos.