Muchas expresiones del Presidente y de funcionarios que están en contacto con los medios han sido interpretadas fuera de contexto.

En ocasiones se podría deber a las formas que tienen los medios de informar. No todo se puede contextualizar y se seleccionan cierto tipo de afirmaciones para llamar la atención de las audiencias.

Habrá que reconocer que a veces se privilegian ciertas afirmaciones, las cuales no necesariamente reflejan el contexto en el cual fueron dichas. Estamos cargados de “cartas a la redacción” o de exigencia del “derecho de réplica” para tratar de precisar lo que se publica o transmite.

Habrá que reconocer también que algunos medios difícilmente publican aclaraciones, hacen poco o nulo caso de ello. Poco o nada termina por importarles que la información publicada o transmitida carezca de precisión.

No se puede soslayar que muchas veces la información se somete a criterios de tiempo, espacio y variables técnicas. Sin embargo, esto no es ocasión para que en la búsqueda de la rentabilidad se pierda el sentido real de lo que se informa.

Del otro lado están los funcionarios. Si bien en este sexenio vivimos en un toma y daca en la relación medios y redes sociales con el Presidente, esto no es motivo para la imprecisión o para el dolo.

En muchas ocasiones, los discursos o declaraciones no acaban por ser claros para que los medios puedan reportarlos de manera puntual. A menudo las quejas de los funcionarios tienen que ver en cómo los interpretan o en por qué atienden parcialmente lo expresado y no necesariamente lo que ellos quieren ponderar.

Desde el momento en que los discursos o declaraciones se expresan entran en los terrenos de la interpretación, lo otro es convertir a los medios en voceros de los políticos, lo cual nomás no procede.

Si bien los medios privados son empresas que obedecen a intereses económicos, también deben manejarse con códigos de ética que entre otras cosas, deben destacar la libertad de expresión y el respeto al trabajo de sus trabajadores, o sea de los periodistas.

No se pierde de vista que en muchas ocasiones los intereses de los medios han prevalecido por encima de códigos de ética y el trabajo de los reporteros, lo cual cuestiona el todo.

En otras ocasiones surgen quejas de los gobiernos cuando los políticos encuentran que los medios los critican o señalan en función de su trabajo, debido más a que no les gusta lo que dicen de ellos a que la información sea imprecisa.

A lo largo de muchos años, la relación medios y políticos se ha manejado con base en complicidades. La gran industria de los medios surgió a partir de la relación de los empresarios con el poder político, hecho que derivó en que se establecieran nexos profundos en la gobernabilidad.

Es claro que esta relación está sufriendo cambios como nunca antes. Se están cambiando las reglas lo que está generando nuevas dinámicas en la relación gobierno-medios. Se están creando nuevas formas lo que está creando nuevos paradigmas.

El cambio en la relación económica es sin duda el gran detonador, aunque en algunos casos el apoyo se haya incrementado a medios que padecían severamente en el día con día para poder pagar la nómina y poder estar en la calle o en las redes.

Si el Gobierno está cambiando las reglas debe entender que el proceso requiere tiempo, pero también relaciones distintas y reconocer en el camino que no puede hacer de los medios públicos una extensión del Gobierno, perder de vista que los medios están haciendo lo propio, dicho de otra manera, el que se ríe se lleva.

RESQUICIOS

Dos declaraciones atendibles que merecían una mejor explicación.

“Tuvimos que optar en inconvenientes, no inundar Villahermosa… se perjudicó a la gente de Nacajuca, son los chontales, los más pobres, pero teníamos que tomar una decisión”: AMLO.

“La cifra de más de un millón de contagios por coronavirus es ‘un poco intrascendente’”: Hugo López-Gatell.