No tenemos manera de saber cuándo se acabará nuestro tiempo, pero tenemos la gran oportunidad de escuchar el viento, la música, respirar, ver, tocar, sentir y hacer lo que queramos cuando queramos; y aún así permitimos que haya situaciones que matan nuestro espíritu.

La gran pregunta es: ¿estás muerto en vida?, ¿estás vivo deambulando en vida?.

Te has preguntado si realmente ¿te dedicas a lo que quieres, trabajas en lo que te gusta, vives en la casa que te gusta?, ¿o estás muerto en vida?

Un día descansaremos eternamente y tendremos la oportunidad de que nada nos incomode, pero ahora arriesguémonos y padezcamos todo eso que nos da coraje ya que eso mismo es lo que nos hace sentir vivos, porque para morirnos simplemente hay que dejarnos caer.

Insisto, la muerte no es la mayor pérdida de un ser humano, la gran tragedia es estar vivos y dejarnos morir.

Cuando entendamos que tenemos un tiempo limitado en este mundo comenzaremos a vivir cada día al máximo. No nos llevaremos nada, pero lo que somos será nuestro por siempre.

Bien lo dijo Don Juan en el libro “Viaje a Ixtlán”, de Carlos Castaneda: “No tengo ninguna historia personal. Un día descubrí que la historia personal ya no me era necesaria y la dejé, igual que la bebida”.

Cuando atas tu vida a una historia, estás condenado a repetirla y morir en vida.

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