El gobierno tendrá que hacer valer su versión de los acuerdos que hizo con su homólogo estadounidense.

Estamos ante dos interpretaciones de los resultados. Donald Trump, en su habitual tono amenazante, dice que va a dar a conocer elementos del documento que no se han hecho públicos. Por su parte, Marcelo Ebrard plantea que no hay nada que esconder, que todo es público y que lo que puede estar pasando es que el presidente de EU esté interpretando de otra manera algunos de los puntos del acuerdo.

Como fuere, hay dudas de lo que se pudo haber acordado, con tal de que no se aplicara el 5% de aranceles.

La urgencia tiene sentido, lo que habrá que ver es a qué se dijo que sí y a lo que nos compromete. El pantanoso terreno en que se mueve Trump da lugar para que pase cualquier cosa. La pregunta obvia es por qué el presidente de EU asegura que hay elementos que no se han dado a conocer, lo que hace presumir que nos puede enganchar en situaciones nada favorables para el país, y por qué Ebrard dice exactamente lo contrario; alguien está inventando o alguien no está contando la película completa.

No hay que pasar por alto que el gobierno de EU ha lanzado mensajes en tono amenazante desde que se concretó el acuerdo. Es cuestión de leer los tuits de Trump, revisar el discurso del vicepresidente Pence, y el de ayer del secretario de Estado, Mike Pompeo, quien dijo que “si llega a darse el caso de que no estemos avanzando lo suficiente, existe el riesgo de que se impongan los aranceles”; no nos dan chance ni de respirar.

La estrategia puede ser una especie de respuesta a lo que presumen sea una euforia de nuestro país por los acuerdos. También hay que ubicarlo como parte de las formas que utiliza por lo regular Trump. El empresario-presidente se lleva todas las canicas y no permite que nadie se lleve ni una agüita.

Con una versión u otra, la lectura más acabada del acuerdo coloca a los migrantes bajo un escenario todavía más adverso del que viven. La situación se ha agudizado por muchos factores. Los motivos pasan por las condiciones internas de Honduras, El Salvador, Guatemala y México, lo cual se ve muy difícil que se vaya a revertir en el corto y mediano plazos.

El acuerdo encabezado por la Cepal, firmado por estos cuatro países, puede ser un gran detonador para el desarrollo; sin embargo, EU no se ha expresado sobre él. En el acuerdo de Washington se menciona que habrá ayuda de EU, pero no quedan claros los términos y condiciones.

Para el gobierno de Trump sigue pesando la política migratoria que en un principio lanzó López Obrador. En octubre del año pasado, el hoy Presidente dijo que su gobierno sería de puertas abiertas para los migrantes.

Ésta fue una razón importante que provocó la llegada de las caravanas. Se interpretó que se podía cruzar México con toda facilidad, lo cual resultó relativamente cierto, pero lo que se terminó haciendo fue trasladar hacia la frontera norte el problema, de eso se quejan en la Casa Blanca. Los abrazos fueron convirtiéndose en preocupaciones, al final ya no se sabía bien a bien qué hacer con la gran cantidad de migrantes que entraban y cruzaban el país.

La política migratoria del gobierno ha ido cambiando. Se ha ido cerrando la frontera y las detenciones son cada vez más frecuentes. El cambio, en algún sentido, viene dictado del norte, a la vez que a esto se suma que la situación es cada vez más compleja y hasta inmanejable.

Ayer, Amnistía Internacional denunció que las nuevas medidas “incluyen la detención masiva y la deportación de 400 migrantes, lo cual es contrario tanto a la legislación mexicana como al derecho internacional”.

En esto andamos, en donde los tiempos ya se tienen que empezar a conjugar en presente.

RESQUICIOS.

En su discurso del sábado en Tijuana, Porfirio Muñoz-Ledo recordó con claridad los compromisos históricos de nuestro país con los migrantes; como andan las cosas hay que releerlo.