Últimamente he tenido la oportunidad de ver algunas series de época y me resulta fascinante la forma en que la población realizaba sus actividades siglos atrás, cuando no contaban con los servicios de energía eléctrica, agua potable, drenaje, gas, ni autos. Mucho me llamó la atención la vestimenta que utilizaban. La gran mayoría de las personas contaba con pocos cambios de ropa, usándola hasta que les dejaba de quedar o los retazos los empleaban para algo más. Pensar que actualmente es tan sencillo comprar ropa, ya sea de manera física o en línea, acumulando prendas en nuestro closet que muchas veces ni siquiera utilizamos.

Las opciones que nos brinda el mercado del vestido cada vez son mayores. Las modas son más cambiantes y ya no solo existen las temporadas primavera-verano y otoño-invierno, sino que hay minitemporadas que hacen que las modas caduquen rápidamente, generando que la población tenga una “necesidad” de actualizar su guardarropa.

Esta estrategia de venta que genera un consumo innecesario, provoca graves daños al medio ambiente. La producción de ropa y el traslado de la misma hasta nuestros hogares traen consigo emisiones de contaminantes al aire, agua y suelo. Se considera que la industria de la moda es la segunda industria a nivel mundial que más agua necesita y es la responsable de, aproximadamente, un 10% de las emisiones de dióxido de carbono.

Para producir un kilogramo de algodón se requieren alrededor de 10 mil litros de agua, estimándose que es lo que consume una persona en 10 años. Otro tema importante por recordar es que la producción de ropa requiere el uso de tintes y otros productos químicos, terminando algunos de ellos en el agua, pudiendo afectar la cadena alimenticia.

En los últimos años se ha hecho un llamado a este sector, con el fin de evitar que este modelo de consumo nos lleve a una emergencia ambiental. Algunas apuestas apuntan hacia un modelo circular en el que se contempla el reciclaje de textiles.

El fast fashion existe porque nuestros hábitos de consumo han dado pie a ello. Cada vez compramos más ropa y esta dura menos tiempo en el armario. Es momento de tomar conciencia sobre el tipo de material que se emplea para fabricar la ropa que compramos, así como de la cantidad de prendas que realmente requerimos. Para desacelerar el cambio climático es necesario que autoridades, industria y consumidores tomemos conciencia y actuemos en consecuencia.

Es momento de decidir comprar solo lo indispensable, seleccionar ropa de calidad, y en la medida de lo posible, optar por prendas que resultan de procesos de fabricación más limpios y materiales que tienen un menor impacto sobre el ambiente. No es necesario tener y seguir lo que dicta la moda. Lo ideal es crear un estilo propio, adquirir diseños que son clásicos y que se pueden utilizar en diferentes temporadas. Démosle un nuevo aire a nuestra ropa reparándola o adaptándola. También podemos donarla o reciclarla. Moderemos nuestro consumo y démosle un respiro al medio ambiente. Pasemos del fast al slow fashion.