En función del desarrollo de la pandemia se vislumbra un futuro confuso, doloroso, letal e inédito.

Todas las investigaciones apuntan a que se viene una nueva oleada de contagios. Si bien hemos aprendido muchas cosas nuestro problema está en que la capacidad de reacción sigue siendo limitada, a lo que se suma que en muchos casos las autoridades mantienen un esquema cerrado que no da capacidad de maniobra.

El canciller multiusos anunció ayer que se va a solicitar una reunión extraordinaria en la ONU para debatir la estrategia mundial ante Covid-19. No deja de llamar la atención el planteamiento, porque se está buscando fuera lo que no han hecho dentro.

En innumerables ocasiones científicos, académicos, especialistas e incluso legisladores le han pedido al Gobierno reuniones para debatir y proponer alternativas a la estrategia oficial. Hace cuatro meses el coordinador de la Comisión de Salud del Senado, el morenista Miguel Ángel Navarro, propuso organizar una reunión con las autoridades de Salud con personajes que pudieran fortalecer la por momentos cuestionada estrategia oficial.

De nada sirvió su planteamiento, porque entre el afamado vocero y la cerrazón que ha permeado en el Gobierno, ante lo cual no se dieron por aludidos. Desde el inicio de la pandemia han estado en el voy derecho y no me quito, las opiniones externas no son consideradas.

El uso del cubrebocas es una prueba de ello. La ambigüedad con la que se ha tratado el tema ha generado confusión. Un día el multicitado vocero nos dice que es bueno usarlo y al otro lanza declaraciones en donde dice que no necesariamente lo es.

Todo indica que en próximas semanas, de hecho ya está sucediendo, se van a presentar de nuevo una gran cantidad de contagios. Llamémosle rebrote o rebote, como usted quiera, pero no perdamos de vista que no hemos controlado el virus y que si bien en algunos casos ha disminuido el número de contagios, las cosas en esencia no han cambiado.

La eventualidad de regresar al semáforo rojo nos vuelve a colocar en una delicada coyuntura, porque vamos a enfrentar otra vez el deterioro económico del cual ha costado mucho trabajo ir saliendo.

El Gobierno está en medio de una coyuntura particularmente compleja. La disyuntiva de aplicar el semáforo rojo va a echar para atrás los proyectos que de alguna otra manera, con todas las dificultades del caso, ha ido tratando de instrumentar.

Una recaída nos va a pegar a todos por igual, porque los indicadores económicos de mediano plazo no están siendo buenas noticias. Más vale que nos vayamos preparando para lo que viene, porque al crecimiento del número de contagios se le vendrá de manera paralela la imperiosa necesidad de atención en los hospitales y el deterioro económico.

No está para discutirse la voluntad del Gobierno de convocar a un debate en la ONU. Sin embargo, lo primero es que escuche a los científicos, especialistas y médicos mexicanos. En la mayoría de los casos detrás de ellos no hay una crítica infundada o de ataque al Gobierno o a la 4T.

Detrás de ellos está el conocimiento y un genuino ánimo de transformación para encontrar los mejores caminos para la sociedad. Está cantado que lo que viene va a ser muy difícil, porque además nos está agarrando cansados, hartos y bajo un desgaste económico que se ha ido acentuando en cada una de las familias del país.

Muchos gobiernos han insistido en buscar que en la ONU se discuta una estrategia mundial ante la imparable pandemia. México hace bien en sumarse, porque es evidente que nadie puede resolver el problema solo.

Es por esto que es un enigma, con dosis de incomprensible, que el Gobierno mexicano busque en la ONU lo que no hace en su propia casa.

RESQUICIOS.

Si los gobernadores de la Alianza Federalista y el Presidente no se ponen de acuerdo vamos a un callejón sin salida de consecuencias inimaginables. El domingo en Tamaulipas se presentó un escarceo que no se puede pasar por alto en fondo y forma; focos rojos.