Por más que el gobierno de Peña Nieto haya evitado la Estafa Maestra, tarde que temprano el tema iba a investigarse y a destaparse.

No había manera de mantenerlo guardado porque al hacerlo se entraba en los terrenos de la complicidad, es un asunto que muestra una de las caras más oprobiosas de la discrecionalidad y de la corrupción. Para el actual gobierno no había de otra que enfrentarlo.

Quizá en el fondo se encuentre el intento de un ataque frontal contra el fustigado pasado, pero también hay que considerar que no había manera de evitar y hacer a un lado un asunto de tanta importancia que lacera la vida en México.

Sea cual fuere la razón, desde que empezó el sexenio se ha hecho un seguimiento, el cual el lunes encontró en Rosario Robles una pieza fundamental para desmantelarlo, investigarlo y hacer justicia. Pueden darse muchas interpretaciones sobre el porqué el gobierno ha decidido actuar, pero lo que es definitivo es que no había manera de soslayarlo, no se podía ser cómplice de la Estafa Maestra.

Insistimos, fuere cual fuere la interpretación sobre lo que está pasando y el que eventualmente se haga un uso político del caso, es claro que el gobierno ha dado un paso adelante en un tema que exhibe de manera brutal al sexenio de Peña Nieto.

Rosario Robles ha vivido desde hace tiempo en el centro de las tormentas, es el camino que eligió. Su historia está cargada de contradicciones y controversias. A finales de los 80 fue parte de grandes proyectos de la izquierda, es además académica y está formada por importantes cuadros políticos.

Su antes y después es el caso Ahumada. Su relación con el empresario mexicano de origen argentino marcó su vida. Su estrella ascendente se vino abajo resultando profundamente cuestionada.

Rosario Robles durante mucho tiempo fue un referente para la izquierda y también para las mujeres. Aparecía como el prototipo de una nueva presencia en la política, al tiempo que se convirtió en una imagen alternativa en la vida política del país, hasta que le llegó el caso Ahumada. El PRD, que algún sentido era juez y parte, la atacó y expulsó, y lo que era una relación constructiva y fructífera con López Obrador se rompió de manera definitiva.

Rosario Robles no tuvo paciencia después de lo vivido por el caso Ahumada. No paró en función de lo que había pasado y provocado, y se abocó a seguir en la palestra política.

Estableció una singular relación con quien era el gobernador del Edomex, Enrique Peña Nieto. La cercanía se intensificó y se convirtió en parte del círculo cercano de quien años más tarde fue Presidente.

Sus nuevas decisiones la llevaron a ser parte de una clase política que de origen estaba siendo cuestionada. Seguramente aplicó en sus nuevos trabajos mucho de lo que aprendió en la izquierda, probablemente vivía tratando de convencerse de lo que hacía.

Sin embargo, debió tener una idea de que era parte de un gobierno cargado de cuestionamientos, en lo económico, en lo social y en lo político. Una mujer con los orígenes de Rosario difícilmente puede perder de vista aspectos de esta naturaleza.

Con toda la información que se tiene sobre la Estafa Maestra, basada en el extraordinario trabajo de Animal Político y Mexicanos Contra la Corrupción, Rosario debió saber lo que tarde que temprano tendría que enfrentar; el día ya llegó.

Como hace algunos meses le decíamos, al final todos los caminos llegan a Peña Nieto. Rosario entró en un riesgoso juego; fue usada y los usó hasta que la Estafa Maestra los desenmascaró.

Rosario dejó atrás sus orígenes para formar parte de lo que fustigaba; son sus decisiones y sus consecuencias.

RESQUICIOS.

Una última sobre Panamericanos. Tokio va a ser otra cosa; sin embargo, la capacidad de muchos atletas mexicanos emociona y producen fundadas esperanzas. Para el 2020 se requiere de dinero y una preparación integral que debe diseñarse con equipos que van más allá de la beca para un solo atleta.