Ante la poca influencia y peso político que están teniendo las oposiciones partidistas han venido surgiendo organizaciones, que más que aparecer como una alternativa, lo que buscan es plantársele de frente al Presidente.

Difícilmente tendrán futuro, porque en la mayoría de los casos su esencia va por terrenos coyunturales. Surgen con objetivos que apuntan hacia una oposición cuestionable contra López Obrador sin definirse como organizaciones que pudieran o pretendan ejercer una influencia en la sociedad más allá de lo que hoy exponen.

Paradójicamente si alguien puede terminar por verse indirectamente beneficiado es el propio Presidente. Va quedando claro que son organizaciones con estructuras limitadas a lo que hay que agregar que López Obrador ha sabido leerlas anticipándose a su surgimiento lo que le ha permitido desacreditarlas, entre el sarcasmo e ironía desde su “escudo” como le llama a las mañaneras.

Lo que no se puede descartar es que el resultado de las elecciones en Coahuila e Hidalgo hayan sacado en algún sentido al Presidente de una especie de zona de confort político; los resultados debieron sorprenderlo.

Es probable que tenga la idea de que mantiene firmeza junto con concepciones positivas sobre su persona en el imaginario colectivo.

La importancia que puede tener el resultado electoral al mediano plazo radica en que aparecen signos claros de que Morena no va a ganar en automático, lo cual confronta el optimismo exacerbado que ronda entre sus militantes.

Lo sucedido el domingo mostró que quedan remanentes de movilización y poder en partidos como el PRI, así como seguramente se va a presentar el mismo fenómeno en otros estados con el PAN y el propio tricolor, no tiene sentido andar menospreciándolos. A los morenistas les vendría bien recordar la frase que se atribuye a Groucho Marx: “No golpees a una persona que esté en el piso, porque se puede levantar”.

A pesar de esto y por más que la oposición no partidista aparezca como desigual y en muchas ocasiones sin identidad, el momento que se viene con las elecciones puede terminar configurando frentes amplios sin importar que pudieran ser contradictorios y que no tengan proyectos definidos y alternativos para la gobernabilidad.

Lo que buscan es la confrontación directa contra el Presidente. Frena no plantea algo más que no sea el sinsentido de que López Obrador deje la Presidencia.

Habrá una rentabilidad política en colocar al tabasqueño como una especie de eje de todos los males, lo cual puede crecer debido al desgaste en el ejercicio del poder y en la sistemática estrategia presidencial de la polarización.

Lo que pudiera irse dibujando son escenarios que al establecerse vía la confrontación al corto plazo, terminen por producir nuevas e inesperadas definiciones políticas; quienes nunca han estado juntos pudieran estarlo al tener un objetivo común con nombre y apellido.

Presumimos que después de las elecciones de Hidalgo y Coahuila, con todo y las consideraciones que pudieran tenerse, debe llevar a un acuse de recibo del Gobierno. No sólo por el resultado, sino por la forma en que se dieron las cosas.

Por más que estén surgiendo organizaciones a las que no se les ve claridad, no se puede perder de vista que bajo ciertas coyunturas pudieran resultar paradójicamente alternativas.

Hoy no está del todo claro cómo vamos a enfrentar las elecciones. Lo que se sabe es que se va construyendo una oposición contra el Presidente, quien por más que tenga altos niveles de popularidad, lo están confrontando.

Como sea, no golpees a una persona que esté en el piso, porque se puede levantar.

RESQUICIOS.

No hay indicios de que bajo la gestión de Alfonso Durazo la inseguridad haya cambiado. Si bien había “pólvora” ésta no ha dejado de estar entre nosotros. El Presidente está metido en un galimatías buscando cómo sustituirlo, es un asunto de seguridad y de definición política futura.