El enfrentamiento entre los gobernadores que integran la llamada Alianza Federalista y el Presidente está tomando rumbos delicados y pudiera estar dirigiéndose a un callejón sin salida.

Los gobiernos estatales reciben muy poco dinero de la Federación en función de lo que otorgan, dice el gobernador de Nuevo León que “recibimos 28 centavos por cada peso de impuestos recaudados”.

Hace algunos días el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, le recordó al Presidente sus tiempos de jefe de Gobierno cuando reclamaba con razón la desigual relación entre su gobierno y la Federación.

López Obrador sabe de lo que le hablan, porque a lo largo de varios años por más protestas que llevó a cabo éstas nunca fueron atendidas; se llegaba a hablar del tema y Vicente Fox hasta parecía comprensible, pero de ahí no pasó.

La relación entre algunos gobernadores y el Presidente está comprometida y pasa por tiempos muy tensos. De por medio están abiertas diferencias políticas sin soslayar el obsesivo tema electoral. Pero, a pesar de esto, no se puede pasar por alto, desde donde se vea, que hay un problema de fondo.

Durante décadas los estados han vivido sometidos por una relación injusta e impositiva desde el centro establecida bajo los escenarios que imponía el partido mayoritario con presidentes poderosos que concentraban de manera abrumadora el poder, algo parecido a lo que pasa hoy.

No había muchos cuestionamientos, debido a que los gobernadores se movían entre arreglos por debajo de la mesa y, sobre todo, eran presa del sometimiento del presidente en turno.

La pluralidad ha ido cambiando las condiciones bajo las cuales se ha vivido esta relación; sin embargo, hasta ahora no ha alcanzado al Pacto Federal. Se ha planteado en diversas ocasiones la necesidad de reestructurarlo, pero hasta ahora todo ha quedado en buenas intenciones o algo parecido.

La pluralidad y la confrontación política es lo que está haciendo que las cosas se agudicen, porque es parte de diferentes concepciones de la forma en que se tiene que abordar el pacto. Muchos gobernadores lo han cuestionado porque no le deben nada al Presidente, porque les está sirviendo acomodarse como una oposición tangible y visible y porque también obedece al desarrollo de nuevos tiempos políticos en el país.

Los gobernadores de la alianza se han venido declarando abiertamente en diversos asuntos distantes o abiertamente contra el Ejecutivo. Se colocan frente al tabasqueño entre que parten de la autonomía estatal y que la relación ya alcanza la confrontación política.

Lo que ha pasado en el camino es que los gobernadores pertenecientes a la alianza han tomado la decisión de no dejar pasar lo que dice el Presidente, a diferencia de otros y otra quienes han optado por tener otro tipo de relación, ya sea buscando entrar en los terrenos de la meritología con el Presidente, o porque quieran evitar conflictos para que sus estados se vean lo menos afectados posibles.

Lo que a estas alturas es importante considerar es el hecho de que la alianza la integran 10 gobernadores, estamos hablando de estados importantes en varios rubros, empezando por el económico.

Lo que resulta inadmisible es que no haya diálogo ante un asunto que tiende a agudizarse y que ya trasciende en el país. En función de los poderes y a quienes representan, el Ejecutivo y los gobernadores, es indispensable que la colaboración sea vertical y horizontal como punto de partida.

Mientras no elevemos el nivel del debate vamos a terminar en medio de consultas tipo “la mesa que más aplauda”, como ya ha pasado y pasó ayer en Jalisco.

RESQUICIOS.

Sí apuraron los tiempos de salida de Alfonso Durazo. De alguna manera evitó lo que se veía como una comparecencia complicada, lo que no debería pasarse de largo es la obligación de entregar cuentas en una dependencia en que no se aprecia que haya cambiado el orden de las cosas.