La toma del Capitolio es el colofón de un gobierno que ha sido polarizante, discriminador, agresivo y autoritario.

No era un escenario que se pudiera prever, lo que se veía venir es que por como ha gobernado Trump y por su forma de ser la violenta reacción de sus seguidores era factible.

Por un lado, Trump se la ha pasado azuzando a sus simpatizantes con discursos que han buscado la confrontación, lo ha hecho desde siempre y particularmente desde que fue candidato a la presidencia.

Lo que ha hecho estos días es una continuación de sus estrategias, las cuales ha intensificado ante su evidente derrota. Es más de lo mismo, pero ahora lo hace en la adversidad para defender su supuesta victoria sin que haya presentado elemento alguno que lo demuestre.

Del otro lado está un componente que por ningún motivo se puede soslayar, sus seguidores. El proceso electoral le dio una clara victoria a Biden, pero también evidenció la gran fuerza de Trump con sus más de 70 millones de votos.

La vehemencia con la que actúan sus desatados y fanáticos seguidores ha provocado un coctel venenoso para EU, el cual ya tiene consecuencias; el país sigue obviamente bajo estado de shock.

Se vienen días de alto riesgo, los cuales no van a terminar con la toma de posesión de Joe Biden. Con Trump no hay escenario previsible, lo que hoy dice puede desmentirlo mañana mismo. No deja de ser un provocador porque así es su forma de ser y porque está en su esencia y además, habrá que reconocerlo, porque se convirtió en su muy efectiva tarjeta de presentación ante millones de estadounidenses que ven al país y al mundo exactamente como lo ve el todavía mandatario.

EU está en un antes y un después. La toma del Capitolio es la manifestación de una sociedad que muestra su intransigencia, radicalismo, junto con convicciones de que el país tiene que cerrarse y debe regresar a los tiempos de una hegemonía, la cual ya no cabe en el mundo de hoy.

EU se sabe dividido, pero nunca imaginó que se tomaría plena conciencia de ello a través de un hecho tan brutal como el que sus ciudadanos vieron a través de la televisión y las redes.

EU está viéndose bajo escenarios que sólo veía por televisión y que tenían que ver con cualquier país del mundo menos con ellos. Vivían y se sentían ajenos a un mundo que acostumbraban a verlo a distancia, no imaginaban que ellos también eran de carne y hueso y que tarde que temprano podrían estar expuestos a situaciones que sólo veían por televisión, siendo que en un gran número de casos han sido y son actores colaterales.

Las redes mostraron de manera sarcástica que las cosas habían llegado muy lejos y que la “única solución” estaba en que EU interviniera en EU, en una clara referencia al intervencionismo del país en innumerables pasajes de la historia.

No se ve por dónde Joe Biden pueda cohesionar y reconciliar al país como genuinamente ha expresado. Es probable que una parte del imperio se esté resquebrajando. Uno de los elementos que deben revisarse a fondo es el sistema electoral, el cual requiere de un proceso de modernidad que permita mayor certidumbre y equidad.

Un aspecto final que no se puede pasar por alto es la repercusión de los hechos en el mundo. Trump no está solo cómo está claramente establecido. Las simpatías no están sólo en EU, muchas personas en el mundo piensan como él y su forma de gobernar ha ido permeando a la par que le han aparecido muchos émulos.

Lo que es definitivo es que lo que pasó en el Capitolio es una manifestación de una crisis interna que ha provocado serias fisuras en el imperio.

RESQUICIOS

Tendrá sus razones el Presidente para no querer hablar de los hechos del miércoles y también tendrá sus razones para salir en defensa indirecta en favor de la libertad de expresión de Trump. Lo que sí pudo haber hecho es ponderar y valorar la democracia y las instituciones como lo hicieron muchos presidentes del mundo sin ser vecinos del imperio, el cual se ve resquebrajado.