Está muy claro que en este momento hay prioridades las cuales deben concentrarse en la salud ciudadana, es el primer objetivo y deber.

Sin embargo, hay otros temas a los que hay que adelantarse. Son asuntos del corto y mediano plazo ante los cuales hay que tomar decisiones. La vida ha entrado en una pausa y hay que entender y asumir que las cosas van a cambiar y que mucho de lo que se tenía programado hay que replantearlo.

El Gobierno tiene que empezar a tomar decisiones en este sentido. La experiencia en otros países y el trabajo de investigación de científicos y especialistas en salud hace ver que el futuro requiere de una reorganización.

El presente mismo nos está llevando a una serie de replanteamientos porque se tiene que responder a lo que está pasando.

El Covid-19 no estaba en la mente de nadie simplemente en el mes de octubre del año pasado. Ha cambiado la dinámica de vida y a quien mejor le va a ir es a quien tenga la capacidad de adaptación ante las nuevas realidades.

Algunos de los objetivos que se planteó el Gobierno al inicio de año, e incluso del sexenio, van a tener que sufrir cambios. No es sólo un tema de presupuesto, es también de políticas públicas y de entender que las condiciones están cambiando de manera súbita, y más cuando está de por medio la salud de las y los mexicanos.

Entender el momento es actuar en consecuencia. Un asunto que es cada vez más difícil de entender es ver al Presidente actuando con desparpajo ante la crisis, lo que provoca directa e indirectamente una suerte de proceso de desacreditación de su competente equipo.

Darle la palabra a los científicos y especialistas, pero no cumplir con lo que plantean provoca una confusión que permea entre la opinión pública. Hay que dar un salto de una vez por todas y asumir que el coronavirus es una enfermedad seria que provoca la muerte y que la mejor manera de enfrentarla es cumpliendo lo que las autoridades de salud piden y actuar en consecuencia.

El reconocimiento presidencial de que se vienen problemas económicos obliga a construir nuevas estrategias. Lo que el Gobierno quería hacer se tiene que replantear sin dejar de pensar en los más desprotegidos.

Ayer hacíamos referencia al grave problema que se nos viene debido a las abiertas diferencias sociales y económicas que existen en el país. Cualquier estrategia que se eche a andar, da la impresión de que en algunos casos seguimos a destiempo, tendrá que colocar en el centro a los más pobres del país.

El temor ronda justificadamente por doquier. Si algo es fundamental hoy es tener certezas, las cuales las debe ofrecer el Gobierno. Todos estamos a prueba, pero particularmente quienes tienen la responsabilidad de la organización y dirección de la sociedad.

Habrá quienes quieran usar este momento para echar agua a su molino, como se ha visto a través de diversos podcasts. Al final suponemos cada quien quedará en el lugar que debe y merece.

Lo importante es resolver nuestros problemas. El Presidente debe entender que requiere de pactos ante la previsible letalidad por el coronavirus. El sector privado no es sólo lo que ahora parece ser la exmafia del poder, es importante establecer acuerdos con las Pymes, las cuales ya están padeciendo severos estragos por las medidas que han tenido que tomar, muchas de ellas a pesar de que no han sido propuestas por el Gobierno.

Lo mejor hoy es estar distantes unos de otros, es un tema de salud, pero lo peor es que nos tome este momento distanciados en las decisiones y sin cohesión interna.

Quizá empezábamos a tener respuestas, pero resulta que ahora nos cambiaron las preguntas.

RESQUICIOS.

El COI está alargando una inevitable decisión: postergar los Juegos Olímpicos de Tokio. Además del problema de salud, los atletas han roto su proceso de entrenamiento. No estamos para consentir la maquinaria comercial sino más bien para colocar en mejor momento la fiesta deportiva.