El periodista Bob Woodward reveló audios de una entrevista para su nuevo libro, en los que el presidente Donald Trump menciona y explica la gravedad de COVID desde febrero, cuando en público le restó importancia por semanas. En otro audio, Trump acepta su intención de bajar el tono en público “para no crear pánico”, y eso es justamente lo que la Casa Blanca está argumentando: un buen líder debe mantener la clama, y comunicar dicha calma a la gente para no crear un escándalo. Pero una cosa es no crear pánico y otra muy distinta restarle seriedad a una pandemia.

Y es que Trump incluso llegó a decir que el nuevo coronavirus era la “nueva farsa” de los demócratas, siguiéndole el paso a Fox News y a los conspiracionistas de derecha extrema, que pintaron el tema al menos como una “exageración”. Esto lo replicaron muchos seguidores de Trump, y es el tipo de actitudes que puede generar descuidos por parte de muchas personas, que hacen de una situación sumamente complicada, algo todavía más grave y difícil, como ha sido el caso en Estados Unidos.

Aquí la clave está en los republicanos nuevamente: ¿serán capaces de trascender sus intereses electorales y condenar la actitud de Trump? Porque ahora ya no es que alguien escuchó algo, o que una fuente no tan confiable dijo tal o cual cosa. Aquí estamos hablando de grabaciones en donde de manera clara se escucha al presidente entendiendo perfectamente desde febrero el problema del virus, y diciendo casi al mismo tiempo en público que no había problema, que era como cualquier influenza, y negando directamente a la ciencia. Ya no hay manera de echarle la culpa al desconocimiento.

APUNTE SPIRITUALIS. El argumento de “mantener la calma” intentarán posicionarlo, pero con dos segundos de reflexión, se cae rápidamente: se puede mantener la calma y a la vez afirmar la gravedad de un asunto, sobre todo cuando se requiere de mucha atención para la prevención, y sobre todo cuando la mayoría de los científicos coinciden en ello.