En un evidente freno a su agresiva política comercial, el presidente Donald Trump anunció una prórroga hasta el 15 de diciembre para la entrada en vigor del último paquete de aranceles a productos provenientes de China.

La razón que dio fue simple, pero en ella reconoció lo que ha negado una y otra vez. Los aranceles de Trump los pagan los consumidores estadunidenses. Esa es la realidad.

Trump lo acepta, al decir que se posponen para no afectar las compras navideñas. En la simpleza de su argumento encontramos una inminente realidad, la política comercial de Trump tiene límites y está llegando a sus límite.

Si bien, una cosa es imponer aranceles a China, en dónde inclusive pudiera justificarse de una u otra forma; otra muy distinta, es lo que se pretendió hacer a los productos provenientes de México. Queda claro, que el uso del arancel como política comercial es inviable tarde o temprano.

México ha sido el gran beneficiario de la llamada “guerra comercial” entre Estados Unidos y China. Tan sólo en el primer trimestre del año, las exportaciones mexicanas crecieron 4.1% esto a pesar del “estancamiento” de la economía nacional.

Sin lugar a dudas, los efectos de la “guerra comercial” han beneficiado a México, quien a pesar de las distintas versiones que existen sobre la salud de la económica nacional, se ha logrado convertir en el primer socio comercial de los Estados Unidos, superando a China y a Canadá.

México no puede estar tranquilo y menos si Trump frena sus políticas comerciales contra China. Además, si el T-MEC no se aprueba pronto y se convierte en parte preponderante de los temas electorales, la incertidumbre crecerá.

Nuestro país tiene una oportunidad única a pesar de Trump. Si se saben aprovechar los efectos indirectos más allá de la retórica racista y xenofóbica, México puede encontrar en la relación comercial con los Estados Unidos el oxígeno que requiere para no entrar en una recesión real.

La tibieza de Trump confirma también que imponerle aranceles a los productos que vienen de México no es una opción viable; puede ser una opción de twitter, una opción de mesa de negociación, pero no una opción aplicable a la realidad que vivimos.

Lamentablemente, caímos en la trampa de Trump cuando amagó la imposición de aranceles. Su freno confirma que no lo iba a hacer y que no lo hará. Su freno confirma una vez más un distanciamiento entre su retórica y lo que en verdad sucede, y esa diferencia yace la oportunidad que México tiene enfrente.