El Presidente debe saber que no es el mejor momento para ir a Washington, si no lo sabe, la Cancillería se lo debería decir. Como sea, algo debe saber ante las muchas críticas, les haga caso o no, a su dicho de “ya tomé la decisión” “asumiendo” los riesgos.

Presuponemos que en su entorno inmediato le han advertido sobre las consecuencias que puede tener la visita bajo las actuales condiciones internas de EU, es un viaje que puede ser prescindible.

Si la Cancillería con toda su experiencia y trabajo de investigación sobre EU no se lo ha hecho ver y saber puede significar que está bajo el síndrome de “a sus órdenes jefe”. Alertar al Presidente es alertar a su proyecto de gobierno, y si la Cancillería no está cumpliendo esta función está perdiendo el sentido histórico de la diplomacia mexicana.

El Presidente no va a dar marcha atrás. No se ve por dónde, lo único que queda es suponer que sabe algo que no sabemos, lo cual no alcanza a apreciarse. López Obrador tiene el peso y legitimidad para determinar el momento idóneo, que no es éste, para visitar Washington.

No hay indicios de que pudiera estar presionado, y en caso de que así fuera, suponemos que como en muchas otras ocasiones lo pasaría de largo.

Las críticas no solamente están en el país, los demócratas ya lanzaron dos o tres dardos y el embajador Landau mandó un rudo mensaje: “... tampoco les voy a mentir, tampoco puedo decir que es un momento oportuno para invertir en México sí se ven cosas muy desalentadoras para la inversión extranjera”.

Un elemento que la Cancillería debe hacerle notar al Presidente es que para Trump somos culpables de muchos de los males de EU, lo que lo ha aderezado con expresiones discriminatorias y groseras.

Quizá el tabasqueño imagine que puede matizar la visión de Trump sobre nosotros, pero no vemos por dónde pueda hacerlo, la esencia de Trump es el reflejo de su forma de ser y su vida.

No va a cambiar y ni va a pensar diferente del país, de los mexicanos, de la corrupción y tampoco de la idea de que vamos a pagar, o estamos pagando, el muro fronterizo.

En el camino el Gobierno mexicano está tratando de llevar al baile al primer ministro canadiense. La relación entre los gobiernos de este país y EU no pasa por su mejor momento, basta contrastar los silencios críticos de Trudeau sobre el caso George Floyd y la opinión de Trump sobre el tema, el cual va siendo crucial para el momento político de EU.

No se ven condiciones para que Justin Trudeau asista a la reunión a la que lo quiere sumar el tabasqueño tomando como pretexto la instalación del T-MEC, en caso de que vaya no cambian las consideraciones sobre la visita del tabasqueño.

La multicitada y nefasta experiencia que vivimos con los desatinos de un secretario que quiso ser canciller invitando al candidato Trump, debe entenderse como un antecedente que nos coloca como nación endeble y expuesta ante un gobierno que nos ve con desdén, desconfianza y como una especie de mal necesario.

No creemos que López Obrador no lo sepa. Muchos de sus discursos en el pasado fueron justificadamente severos contra gobiernos de EU; hablaba de entreguismo y falta de dignidad.

La diplomacia es sensibilidad, entendimiento, respeto y autodeterminación. Es momento para la diplomacia, la estrategia y la oportunidad y en esto debiera pensar para actuar el Presidente. La ya inevitable visita se agudiza con la cuestionable gestión de Trump y las inminentes elecciones.

Para EU México cuenta muy poco, lo que cuenta son los paisanos. Ellas y ellos son votos e impuestos y cuentan porque el imaginario colectivo va viendo cómo van dejando de ser minoría.

Es una visita prescindible, pero de nuevo se aplica aquello de alégale al umpire. Vayan buscando en la Cancillería el remedio y el trapito.

RESQUICIOS.

Dos líneas sobre Guanajuato. La delincuencia organizada con todas sus ramificaciones y la lamentable lucha política en el estado en donde lo que menos cuenta son los guanajuatenses.