Donald Trump tuvo una llamada con el presiente López Obrador, en la que “se reafirmó la voluntad de mantener una relación de amistad y cooperación entre nuestros pueblos y gobiernos”. Desde el punto de vista de campaña 2020 en Estados Unidos, esta es una doble jugada de Trump: por un lado mantiene la “buena vibra” con el gobierno de México, pero por otro sigue aumentando la percepción de “mano dura” contra la inmigración en su país. Ambas estrategias muy importantes para la campaña.

El clima de concordia entre los países vecinos le conviene a Trump en el sentido de que lo proyecta como un negociador hábil que no tiene que enemistarse con socios estratégicos para lograr lo que quiere. Los números a la baja de aprehensiones en la frontera son indicador, dice Trump, de que las cosas están funcionando, y ahora el gran mantra es: “hasta México hace más que los demócratas para resolver el problema de la migración”. Como diciendo, “imagínense cómo estarán los demócratas”. Este es un ataque a sus opositores que intenta posicionarlos como los malos de la película, mientras Trump tiene que pedir a otros gobiernos que cooperen.

Por otro lado, la percepción de que la política “fuerte” de Trump está funcionando también está a la orden del día. El hecho de que la Corte Suprema le haya dado luz verde al presidente norteamericano para la aplicación de restricciones que evitan que la mayoría de los migrantes centroamericanos soliciten asilo en Estados Unidos, hará que muchos conservadores festejen y que muchos de sus fieles seguidores lo vean como un triunfo y una promesa cumplida. La forma en la que el vicepresidente Mike Pence lo tuiteó lo dice todo: “Gracias a la Suprema Corte por reconocer el derecho del presidente Donald Trump de defender al estado de derecho y al pueblo americano”.

APUNTE SPIRITUALIS. ¿Cómo van a manejar esto los demócratas? ¿Cuál será su respuesta contundente al respecto? Es un tema humano, complejo, que deben tratar de llevar en un mensaje claro en el que se comprenda su gravedad. ¿Podrán?