Dicen que la lección que no aprendamos se repite hasta que la logramos. Sin embargo, hay ocasiones en que por más que nos empeñemos siempre terminamos atorándonos donde mismo, hagamos lo que hagamos, cambiemos lo que cambiemos. Existen temas en los que el desastre parece encontrarnos una y otra vez.

En esas ocasiones me acuerdo de Miguelito, el protagonista de la película Coco. Él tenía un tremendo interés por ser músico y, sin entender por qué, toda su familia se oponía ferozmente guiándolo a que fuera zapatero, igual que todos ellos. Como cada día 2 de noviembre llega el Día de Muertos y en esta fecha Miguel hace de las suyas en la película, para trasladarse al espacio donde habitan los muertos, sus ancestros, aprovechando para reencontrarse precisamente con cada uno de ellos y tras una serie de aventuras entre estas almas, al final de esta caricatura logra resolver su situación.

Miguelito recibe la anuencia de su familia para dedicarse a esa pasión. Pero en realidad ¿qué fue lo que hizo Miguelito en esta película?

Se llama constelación familiar. Este niño viaja al pasado para entenderlo, limpiarlo y arreglarlo. Desatora en el pasado lo que no estaba funcionando en el presente.

Las constelaciones familiares son una de mis herramientas favoritas para trabajar mi desarrollo personal. La descubrí hace 11 años y desde entonces no he parado de recomendarla. Consiste en una dinámica en la que nos conectamos con nuestros familiares, vivos o muertos. Tranquilos, estas no son historias de ultratumba. Esta conexión es una energía simbólica, a través de una dinámica que permite que las emociones presentes y pasadas y los recuerdos emerjan, pero lo más importante es que se solucione el presente.

Por eso, este mes queremos recordar que el Día de Muertos es no dudar que relacionemos la ocasión con esta película que, más allá de ser una representación de la tradición mexicana, es una oda a las constelaciones familiares.

Trabajar y limpiar los lazos que tenemos con nuestros ancestros nos sirve para entender nuestra propia historia. Conocer su circunstancia, preocupaciones y hablar con ellos, conocer cada una de sus catarsis aunque sea a modo de representación es un bálsamo para el alma. Nos ayuda a ganar perspectiva sobre nuestros pesares, para no cargar con aquello que no nos pertenece. No todos nuestros dolores son nuestros, la mayoría son heredados y viven en cada una de nuestras células.

Estas fechas son para honrar a quienes llegaron antes que nosotros, hay que hacerlo desde el amor, desde la comprensión y el respeto. Porque al recordarlos mantenemos vivos lo mejor de ellos: su legado en nuestra memoria y en nuestro corazón.

Lo que tú trabajes hoy en ti será la mejor herencia que les dejes a los que vengan después de ti.

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