Debido a que Estados Unidos no tiene un organismo electoral central que cuente votos en el plano nacional, los medios de comunicación han tomado el papel de “anunciadores” del ganador. Normalmente lo hacen la misma noche de la elección, pero debido a la cantidad masiva de voto por correo y a los márgenes reducidos en algunos estados, en esta ocasión “cantaron” el triunfo de Joe Biden hasta el sábado. Evidentemente Donald Trump no aceptó y está embarcado en una batalla legal, hasta ahora sin pruebas fehacientes de fraude, argumentando que los medios no tienen autoridad para declarar ganadores.

Bueno, no tienen autoridad legal, pero sí tradicional, y esto es importante. Desde 1848, cuando la agencia de noticias AP anunció a Zachary Taylor como presidente electo, los medios han venido fungiendo como los declarantes oficiales en el sentido consuetudinario por necesidad, por los problemas de procedimiento que tiene el sistema, y especialmente por la cantidad de tiempo que hay entre el día de la elección y el día en que se reúne el colegio electoral.

Entonces, desde hace mucho tiempo hay un acuerdo tácito entre políticos y ciudadanos, de que son los medios en su conjunto los que declaran al ganador. Cada cuatro años se da de esa manera. La prueba está en que una vez hecho el anuncio, el gobierno saliente empieza un protocolo de transición que no espera hasta mediados de diciembre o hasta enero cuando se reúne el nuevo congreso para legalizar al ganador, porque quedarían muy pocos días para el inicio de la nueva administración.

Pero no es un anuncio arbitrario el que hacen los medios: se basan en un análisis llevado a cabo por las llamadas “mesas de decisión” que de mano de expertos y estadistas, y tomando en cuenta incluso las posibles batallas legales, entre otras variables, llegan a una conclusión. Eso fue lo que hicieron el sábado. Salvo que se tardaron un poco más, todo se hizo igual.

APUNTE SPIRITUALIS ¿Qué es lo diferente ahora además de la pandemia? Trump.