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CIUDAD DE MÉXICO.- ¿Se acuerdan de su primera vez?

Por costumbre, repetición o cultura, lo único que pensamos cuando escuchamos la frase “primera vez”, es en el encuentro sexual. Sin duda, esto puede haber marcado un antes y un después en la vida de muchas personas, sin embargo, hay otras para las cuales dicho evento puede haber sido poco memorable, intrascendente o hasta desagradable.

Por fortuna, hay una infinidad de “primeras veces” de igual o mayor importancia que, en ocasiones, quedan desdibujadas en los discursos sobre las experiencias colectivas. Un primer beso, un primer secreto compartido, un primer mejor amigo, un primer desengaño amoroso o una primera meta cumplida pueden ser bastante más significativas que el dichoso primer acto sexual. Porque, además, cualquier acto erótico queda por fuera de nuestra concepción de sexo y nos convertimos en los procuradores matemáticos de las experiencias sexoafectivas.

Quizá, la respuesta a esta disyuntiva tenga una explicación mucho más simple: estamos viejos. Es decir, nos cuesta trabajo adaptarnos —o siquiera entender—, las nuevas concepciones y experiencias de los adolescentes contemporáneos.

He empezado a escribir la tercera temporada; aún no tiene luz verde, ni ha sido oficialmente encargada. No lo sabremos hasta finales de marzo”,
Laurie Nunn, creadora de la serie

Para nuestra suerte, la segunda parte de Sex education ya se estrenó, y la frescura y audacia de esta serie para adolescentes, que también disfrutan los adultos jóvenes, adultos mayores y chavorrucos, no se ha agotado.

Sin dejar de ser una comedia, Sex education propone en cada temporada una rama de hilo argumental en el que se aborda un tema de actualidad relacionado con los derechos de las mujeres. En este caso, es la historia de Aimee (Aimee Lou Wood) la que indaga en el acoso sexual, específicamente, mismo que se da en el transporte público. Lejos de los lugares comunes, la situación se aborda desde lo cotidiano —la indiferencia para con la denuncia, el instinto que nos lleva a subestimar la situación y la irremediable afectación que, consciente o no, cada abuso tiene sobre cada mujer—.

Pero, además, hay una serie de otras circunstancias, de primeras experiencias, que exponen los temores, fantasías y deseos de una generación que ya nos queda lejos en vivencias y contextos.

Trabajada a partir de la discusión entre la directora, Laurie Nunn, educadores sexuales y asesoras y asesores de guion, el producto final parece estar más cerca de lo que los adolescentes realmente experimentan en su vida social, sexual y romántica, que de la visión adulta romantizada —y simplificada—, sobre lo que ellos sienten y piensan.

Hacia el final, varias alumnas son castigadas en la escuela y deben quedarse después de clase hasta que puedan encontrar qué cosas tiene en común unas con otras. El veredicto es contundente: “los penes no consensuados”, dicen.

Y si bien estoy segura de que algo más tendremos en común entre nosotras, indudablemente la experiencia compartida del acoso sexual es una de ellas: según el informe anual de ONU Mujeres, el 96 por ciento de las féminas en la Ciudad de México han padecido alguna forma de violencia sexual en espacios públicos.